La geografía del deseo

Ahí está, en una canción familiar, en una frase que escribí, en un ángulo de luz solar. Un largo pelo rubio de polizón encontrado en mi camisa. Un colibrí revoloteando entre las ramas de mis pensamientos. Está en todas partes, en todas partes.

Pero no el lugar donde más la quiero. No a mi lado, su mano en la mía. El dolor de su ausencia lo ha abaratado todo, lo ha embotado. La bendición dada no es suficiente. No es suficiente.

Me la merezco, tenerla exactamente como quiero. Ahora.

Merecer.

Have.

Querer.

Ahora.

La quiero. No como una cadena de números binarios ensamblados en una forma hueca de sus pensamientos, su voz, su semejanza. Quiero su carne, su aliento, el sonido de su risa resonando en mi oído. La quiero tan profundamente que me siento tentado a ser destructivamente tonto, cruelmente egoísta, abandonando todo por su abrazo. La deseo tan terriblemente que ardo de celos de la luz del sol que cae sobre ella, de la sombra que de ella crea.

Veo a la pareja sentada en una mesa pequeña, con los brazos extendidos y las manos entrelazadas mientras se miran a los ojos. El odio hirviente y la tristeza sin fondo que nacen de ser testigos. Con ganas de gritar, de aullar. Queriendo destrozarse las manos, volcar la mesa, exigirles que no se vuelvan a tocar.

La mujer que veo pasar a mi lado, la necesidad de adormecer mi dolor con su cuerpo, de succionarla hasta dejarla seca del contacto que se me niega.
La mujer que veo pasar a mi lado, la necesidad de adormecer mi dolor con su cuerpo, de succionarla hasta dejarla seca del contacto que se me niega. La vergonzosa ironía de conocer el rostro de mi amante sería mirarle fijamente en lugar de olvidarlo.

La falta de voluntad para levantarse de la cama, para comer, para escribir. Eligiendo consumirse, quemando los días por despecho a los dioses.

La tentación de reducir a mi amante a una posesión, una estatua inmutable, un trofeo brillante. Algo para colocar en un estante, encerrarlo en una jaula. Algo obediente, predecible. Algo se rompió de voluntad.

La idea de tirar por la borda el regalo de nuestro amor, de indignarme de encontrar el hogar de mi corazón, de ceder a la cobardía en lugar de soportar con valentía el dolor del sacrificio. Retirándonos en lugar de aceptar con gratitud lo que es y creando formas de ayudar a que nuestro amor prospere, sobreviva. Visita nuestra pagina de Viagra natural y ver nuestros nuevos productos que te sorprenderán!

Los que se inclinan ante el trono dudan, se niegan a creer, niegan la esperanza, maldicen la fe.

Y entonces me siento fatal por pensamientos tan horribles, por tanta debilidad de carácter.

Y entonces me traga el dolor.

Y luego me aplasta la desesperación.

Desear. Es una locura, te lo digo. Locura.

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